🌠 Tercera parte: El informe de la estrella


La estrella no había ido a buscar nada personal.
Era errante, sí,
pero por elección y por misión.

Desde hacía eones, formaba parte de una red estelar silenciosa
que recorría galaxias observando sistemas solares en crisis.
Su tarea era clara:
detectar desequilibrios, proponer correcciones,
y evitar la autodestrucción de los sistemas.

No intervenía por capricho,
sino por preservación universal.

Por eso, cuando llegó a ese sistema solar,
no esperaba más que hacer lo suyo:
observar, comprender, sugerir, equilibrar.
Nada más.

Pero lo que encontró allí
superó todo informe anterior.

Un sistema gobernado por un Sol inestable,
rodeado de planetas que giraban no por afinidad,
sino por dependencia.

No era solo disfuncional.
Era un equilibrio autodestructivo,
finamente sostenido por pactos silenciosos,
heridas no sanadas
y roles asumidos como destino.

Tras una observación minuciosa,
la estrella redactó su informe.

Informe 34.7G / Sistema 11R

Planeta Dorotea: presenta un patrón de oscilación emocional crónica.
Oscila entre el castigo y la seducción, el reproche y la entrega.
Un día escracha, al otro dedica canciones.
Funciona a partir de la contradicción,
donde el conflicto no se resuelve sino que se recicla para seguir girando.

Planeta Tuna: evidencia un trastorno de desvalorización estructural.
Su órbita se sostiene por la falta de amor propio:
sabe que merece otro sistema,
pero se queda en este por miedo, nostalgia o resignación.
Interpreta la dignidad como egoísmo,
y gira con culpa incluso cuando desea alejarse.

Planeta Selena: al inicio parece sumisa, pero sostiene una agresividad latente.
Su mecanismo principal es la pasividad estratégica,
que le permite permanecer cerca del Sol mientras despliega, en las sombras,
ataques calculados, comentarios hirientes,
y sabotajes emocionales encubiertos.
Utiliza el silencio como herramienta de control.

Sol: emite señales ambiguas e inconsistentes.
Oscila entre momentos de calidez performativa y largos períodos de indiferencia.
Exige atención sin ofrecer contención.
Intenta incorporar nuevos planetas a un sistema ya colapsado,
ampliando su red de dependencia en lugar de sanarla.
Además, muestra un patrón de autodespojo sistemático:
descuida sus propios recursos, entrega sus bienes sin discernimiento,
no protege su patrimonio material ni emocional,
y actúa con una negligencia disfrazada de generosidad.
Este comportamiento refleja un impulso inconsciente de disolución,
que debilita aún más su centro energético y desestabiliza el sistema completo.

Conclusión:
El sistema no presenta voluntad interna de transformación.
Se autoprotege a través del rechazo sistemático
de cualquier agente regulador externo.
La presencia de la estrella fue tratada como amenaza.
No por lo que hizo, sino por lo que reveló.

La estrella comprendió que el tipo de desequilibrio detectado
superaba su rango de intervención.

Solicitó refuerzos.
Envió su informe completo a sus superiores cósmicos.
Y recomendó la evaluación del caso con fuerzas de mayor rango,
capaces de intervenir en sistemas con patrones patológicos persistentes.

Decidió continuar con su misión.
Porque hay sistemas que piden ayuda…
y otros que rechazan toda forma de transformación.

Y ella no vino a imponer luz.
Vino a ofrecerla.

Y mientras se alejaba,
sosteniendo su brillo de siempre,
se preparaba para su próxima misión,
en otro rincón del universo,
donde quizás alguien la estuviera esperando.

Así cierra este informe.
O quizás… se abre una nueva operación interestelar.

En el universo hay sistemas que evolucionan…
y hay otros que insisten en su propia extinción.


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