Si para vos amar es sufrir, entonces hazte un favor y no ames.


✋️

En nuestra cultura latinoamericana existe el convencimiento de que el amor conlleva sufrimiento 😢, lágrimas 😭, celos enfermizos 😠 (una buena cuota de toxicidad, en lo posible 🧪) y noches de desvelo 🌙.

Sin embargo, ese es un guión cultural de antes de nuestra abuela 👵, que se viene traspasando de generación en generación 🔁.

Es así que, al día de hoy, hay quienes presumen de intensidad, cuando una relación debiera traer calma 🕊️, paz ☁️, seguridad 🤝, tranquilidad 🧘 y salud 🫀, tanto física como mental 🧠.

En el pragmatismo de una persona analítica de su entorno 🧩, no se puede concebir la violencia en una pareja o en una expareja, y mucho menos cuando ha sido construida sobre la base de “tips culturales” que nos taladraron el seso desde jóvenes 🧠🔊.

Mi sugerencia es proponerse vivir un amor amoroso ❤️. No un amor que altere nuestro sistema nervioso ⚡ y lleve el cortisol a las nubes ☁️📈.

Porque ese cortisol alto —producto del estrés emocional constante— no solo arruina la dinámica de pareja o de familia 👨‍👩‍👧‍👦, sino que también desencadena efectos muy concretos sobre el cuerpo:

📉 Aumenta la presión arterial.

😵‍💫 Afecta el sueño y el descanso.

🧠 Dispara cuadros de ansiedad, angustia y depresión.

🍩 Desregula el metabolismo y favorece el aumento de grasa abdominal.

🦴 Daña los huesos, los músculos y la piel.

💔 Y con el tiempo, debilita al corazón y al sistema inmune.

Vivir en ese estado de alerta 🚨, es en realidad, un proceso de autodestrucción silenciosa 🧨🤐.

Y como todo lo aprendido, se puede desaprender .

A tiempo ⏳.

No sólo la mala alimentación conlleva enfermedades 🍟❌, la mala vida que le damos a nuestro sistema nervioso 🧠⚠️ también.


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