Los que esperan en silencio


Hay en cada pueblo un rumor bajito,
una ternura quieta, una fe sin ruido.
Son los que no gritan en los medios,
los que no insultan, ni escupen, ni escrachan,
pero recuerdan.

Recuerdan la dignidad en la mesa,
la estufa prendida,
el guardapolvo limpio,
la esperanza colgada en la percha al lado del poncho.
Recuerdan, sí, con la memoria dulce del que supo
que alguna vez fue mirado con amor
por un gobierno que no lo despreciaba.

Así como ayer, los sirvientes de la estancia
agachaban la cabeza ante el patrón
y luego, con las manos curtidas
y el corazón erguido,
ponían en la urna el nombre de Perón,
hoy también hay quienes callan.

Callan porque la violencia les lastima los oídos,
porque los trolls vociferan con furia mercenaria,
porque las bocas del odio escupen
contra esa mujer que se atrevió
a gobernar con ternura y convicción.

Pero callar no es rendirse.
Callar es templar el alma
para el momento justo.

Y llegará ese día.
Porque no se encierra para siempre
a una idea que camina en millones.
Porque no hay rejas que detengan el amor
ni la memoria.

Y cuando Cristina los convoque,
volverán a las urnas con el mismo gesto de siempre:
serenos, firmes,
con la mirada clara y la decisión intacta,
y escribirán, sin gritar,
pero con la voz de la historia:

Justicia social o nada.
Cristina Libre.


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