Si te gusta Juana Azurduy, votar a Milei fue una incoherencia.


Juana Azurduy luchó contra la avanzada colonial española en el marco de las guerras de independencia. No combatió en la Argentina recortada que hoy conocemos, sino en el Alto Perú, una región estratégica del dominio español.

El Alto Perú comprendía, en términos actuales:

  • Bolivia (principalmente)
  • Partes del norte argentino (Jujuy y Salta)
  • Zonas del sur del Perú
  • Vínculos económicos y militares con el norte de Chile

Era un territorio clave para el Imperio español por su riqueza minera (Potosí) y por su función de control regional. La lucha allí no era simbólica: era contra la colonización, el saqueo y la subordinación política y económica.

Azurduy peleó junto a pueblos originarios, sin privilegios, defendiendo la soberanía del territorio y enfrentando una potencia extranjera que pretendía decidir el destino de estas tierras desde afuera.

Si ayer la colonización tenía rostro español, hoy adopta otras formas y otros actores.

Cuando Javier Milei impulsa la entrega de recursos estratégicos, la subordinación absoluta a intereses externos y el desprecio por la soberanía económica y política, no está haciendo algo nuevo ni moderno: está reactualizando una lógica colonial, hoy alineada con los intereses de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en lugar de la antigua metrópoli española.

La colonización ya no llega en carabelas, sino en endeudamiento, condicionamientos geopolíticos, desguace del Estado y entrega de lo común al capital extranjero.

No es coherente admirar a Juana Azurduy y apoyar a Milei.
Porque Azurduy representa resistencia a la colonización, defensa del territorio, proyecto colectivo y soberanía popular.
Y Milei representa apertura irrestricta a potencias extranjeras, renuncia a la soberanía y fragmentación social.

No es una opinión: es una continuidad histórica.
Cambian los nombres de los imperios, pero no la lógica.


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